El Ballet Real de Camboya

   

Inscrito en 2008 (3.COM) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (proclamado originalmente en 2003)

Famoso por los gestos gráciles por sus magníficos trajes, el Ballet Real de Camboya (también llamado danza clásica jémer) está estrechamente asociado a la corte jémer desde hace más de mil años. Sus representaciones acompañaban tradicionalmente las ceremonias reales y diversos acontecimientos como coronaciones, bodas, funerales o fiestas jemeres. Esta forma de arte, que estuvo a punto de ser aniquilada en los años setenta, es venerada por muchos camboyanos.

Investida de una función sagrada y simbólica, la danza encarna los valores tradicionales de refinamiento, respeto y espiritualidad. Su repertorio perpetúa las leyendas asociadas a los orígenes del pueblo jémer. Por eso los camboyanos la han considerado desde siempre como el emblema de la cultura jémer. En el repertorio clásico se distinguen cuatro tipos de personajes: la mujer, Neang; el hombre, Neayrong; el gigante, Yeak; y el mono, Sva. Cada uno posee colores, trajes, maquillaje y máscaras que le son propios. Esas posturas y gestos codificados, cuyo dominio requiere años de formación intensiva, evocan toda la gama de las emociones humanas, desde el miedo y la cólera hasta el amor y la alegría. Una orquesta acompaña la danza, al tiempo que un coro femenino va comentando la intriga y poniendo de relieve las emociones que miman los bailarines. Estos eran considerados como los mensajeros de los reyes ante los dioses y los antepasados.

El Ballet Real casi dejó de existir bajo el régimen represivo de los jémeres rojos, que exterminaron a casi todos los maestros de baile y de música. Inmediatamente después de la derrota de Pol Pot en 1979, resurgieron los grupos de baile y se reanudaron las representaciones del antiguo repertorio. En los últimos años, el ballet casi ha llegado a recobrar el esplendor de antaño, pero se enfrenta a numerosas dificultades, como la falta de dinero y de lugares para las representaciones, la competencia de los media modernos y el riesgo de convertirse en una mera atracción turística.

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