El arte musical de los trompistas, una técnica instrumental vinculada al canto, el control del aliento, el vibrato, la resonancia espacial y la camaradería

   

Inscrito en 2020 (15.COM) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

© Maurice Davoine, 2019 :

El arte tradicional de los trompistas abarca todo un conjunto de conocimientos y técnicas vinculados al dominio de su instrumento musical, la trompa, así como al control del aliento, el vibrato, la resonancia espacial y la camaradería. La precisión y calidad de las notas musicales producidas por la trompa dependen de la capacidad de aliento del instrumentista y la técnica para tocar el instrumento descansa en el autocontrol de sus facultades corporales. El timbre de la trompa es claro y penetrante, especialmente en los agudos, y su gama sonora se basa en una resonancia natural con armonías de gran riqueza. Su tesitura de doce notas permite crear composiciones con una melodía cantada, acompañada por una segunda voz y armonizada con una partitura para bajo. El canto que forma parte integrante del arte de la trompa hace que su música fomente la cohesión social y la camaradería. Tocar la trompa es todo un arte escénico, abierto a la creatividad y practicado en ocasiones festivas. Los trompistas pertenecen a toda clase de grupos socioculturales y lo que les une es su pasión por este tipo de música instrumental. Esta gran mezcolanza social es uno de los aspectos más notorios de la práctica actual de este elemento del patrimonio cultural inmaterial. Tradicionalmente, se aprende a tocar la trompa mediante la imitación y la transmisión oral de los conocimientos y técnicas correspondientes. No obstante, los instrumentistas aprenden muy pocas veces solos y adquieren muy a menudo sus competencias en escuelas de trompa. El repertorio musical de este instrumento, que se mantiene vivo y dinámico, se ha enriquecido continuamente desde el siglo XVII. El arraigado sentimiento de pertenencia de los practicantes de este elemento a una misma comunidad cultural y la continuidad de su práctica emanan de la interpretación de un repertorio común, legado del pasado, que propicia el diálogo intercultural e internacional.

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